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25 de Julio: ‘Fundación de Santiago de Guayaquil’

El 25 de julio se celebra la Fundación de Santiago de Guayaquil, hecho que sucedió en 1535. Sin embargo existen versiones que aseguran otras fechas previas sobre esta importante recordación.

José Antonio Gómez Iturralde en la página efemérides.ec, asegura que el “15 de agosto de 1534, Diego de Almagro, ante la amenaza de Pedro de Alvarado, asistido por Sebastián de Benalcázar se vio obligado a fundar en Liribamba la ciudad de Santiago de Quito. Trece días más tarde, el 28, por las mismas razones y en el mismo lugar que Santiago, fundó la villa de San Francisco de Quito.

La Real Cédula del 4 de mayo de 1534, establecía que, toda fundación debía reunir las condiciones requeridas por la conquista. Caso contrario, recomendaba su traslado a otro lugar que sí las cumpliese. Esto ocurrió en ambos casos: San Francisco fue trasladada al lugar en que hoy se halla dentro del territorio de Quito, el 6 de diciembre de 1534 y mantuvo así el topónimo.

Santiago, fue trasladada a la Costa para facilitar la logística requerida para la conquista del norte quiteño, pues, Paita quedaba muy distante. Benalcázar, autorizado por Pizarro remontó el Guayas, y la asentó en un lugar cercano a la boca del río Yaguachi sobre el río Amay (Babahoyo), y se la conoció como Santiago de Amay (1535).

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Tarjeta postal de Guayaquil alrededor de los años 1900. Imagen: Allen Morrison

Asaltada e incendiada por los bravíos Chonos se mudó a la culata del río con el nombre de Santiago de la Culata (1536). Nuevamente asolada, esta vez por la alianza de Chonos y Punáes, escapó a otro lugar y fue reconocida como Santiago de la Nueva Castilla (1537). En recurrencia trágica se refugió entre los huancavilcas “que eran gente de paz” (1542), pero nuevamente debieron huir, esta vez a la vera de un pueblo indígena llamado “Guayaquile” (1543).

Desde entonces es Santiago de Guayaquil y guayaquileños sus habitantes. Nótese que el nombre de Santiago prevaleció en el tiempo. Lo cual claramente fundamenta la hipótesis que Santiago de Quito y Santiago de Guayaquil son la misma.

A raíz de la muerte de Francisco Pizarro (1541), su hermano Gonzalo se rebeló contra la Corona. Los vecinos leales al rey (por eso el título de “Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de Guayaquil), dirigidos por el capitán Francisco de Olmos, el 6 de abril de 1547, ajusticiaron al pizarrista y teniente de gobernador Manuel de Estacio. Temiendo retaliaciones construyeron grandes balsas, y, encabezados por los capitanes Olmos, Rodrigo Vargas de Guzmán y Toribio de Castro, 140 personas con su menaje cruzaron el río Amay.

Y, el 25 de julio de 1547, día del apóstol Santiago patrono de la ciudad, atracaron en Las Peñas y asentaron la ciudad en la unión cimera de los cerros que hoy se conocen como Santa Ana y del Carmen. A partir de entonces, luego de 13 años de trashumancia que parecía no tener final, cesan las luchas que un puñado de hombres sostuvo por aferrarse a su río como promesa de vida, movilidad y progreso.

En el acta del cabildo celebrado el 24 de julio de 1781, el Ayuntamiento dispone que el 25, día de la fiesta del Apóstol Santiago, también debía solemnizarse con el paseo del “Real Estandarte, en memoria de la conquista de la ciudad y su provincia”.

Corrobora esta versión la página patriaecuador.com, al describir un artículo tomado del historiador Efrén Avilés Pino.

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“Pero este nuevo asentamiento tampoco cumplió con los requerimientos de seguridad que eran necesarios, por lo que su duración fue muy efímera”.

Ante esta situación, consultando las ventajas que ofrecía el sistema fluvial de la región costanera, la fertilidad de su suelo y la abundante variedad de su producción agrícola; a mediados de junio de 1535 Benalcázar decidió levantar nuevamente la ciudad de Santiago en un lugar que sea puerto seguro para las embarcaciones que -en misiones de conquista y colonización- surcaban los mares entre Panamá y el Perú.

El nuevo asentamiento

El nuevo asentamiento se realizó entonces cerca de la desembocadura del río Babahoyo, en el punto llamado estero de Dimas, y se lo hizo de una manera pacífica gracias a un acuerdo celebrado entre los nativos Huancavilcas, los Chonos y los conquistadores españoles, quienes prometieron respetar las vidas, propiedades e instituciones de los pobladores indígenas.

Cumplido el solemne acto, Benalcázar dispuso que Diego de Daza se haga cargo de la ciudad, y finalmente partió hacia Quito para continuar la conquista.

Ya para entonces, el 22 de enero de 1535, desde el poblado de Pachacámac, en el Perú, Pizarro había aprobado las fundaciones de Santiago y San Francisco de Quito, realizadas por Almagro un año antes en las cercanías de la laguna de Colta; es decir, reconocía la existencia de dos poblaciones diferentes: la ciudad de Santiago y la villa de San Francisco.

A pesar de los beneficios que les ofrecía la región, al poco tiempo los españoles rompieron las promesas que habían hecho a los indígenas y se dedicaron a cometer toda clase de atropellos, felonías y abusos en contra de ellos, y ante la falta de mujeres, quitaban las que les placía, a sus maridos, que eran asesinados si oponían resistencia.

Reaccionando con indignación, en enero de 1536 los nativos se rebelaron, destruyeron totalmente la ciudad y dieron muerte a casi todos sus habitantes. De setenta que eran aproximadamente, sólo pudieron escapar con vida Diego de Daza y unos cinco vecinos más, quienes luego de viajar penosamente a través de la selva, lograron llegar a Quito para dar la noticia del desastre.

Al poco tiempo, Pizarro envió al Cap. Hernando de Zaéra para que intente levantar nuevamente la ciudad, pero éste se vio complicado por la resolución de los Chonos y los Huancavilcas de no permitir un nuevo asentamiento de los españoles, y sólo luego de largas luchas y de ser derrotado varias veces, pudo por fin someter a los indios en base a un acuerdo, por medio de la cual aceptó varias exigencias de los nativos como traer mujeres españolas para poblar la ciudad y la fortificación de la misma.

Fue así que en abril de 1536 la ciudad de Santiago fue levantada nuevamente, esta vez en el sitio de Chadai, a orillas del río Yaguachi.

Posteriormente el Cap. Zaera tuvo que abandonar la ciudad llevándose sus fuerzas para auxiliar a Pizarro que tenía graves problemas con una rebelión de Manco Inca, situación que fue aprovechada por Chonos y Huancavilcas para destruirla nuevamente, pues estas indómitas tribus siempre se negaron a aceptar la sumisión y el dominio español.

Al conocer de este nuevo desastre, Francisco Pizarro le encomendó al Cap. Francisco de Orellana la misión de llevar cabo un nuevo reasentamiento de la ciudad.

Orellana llegó acompañado de un gran número de españoles, y a mediados de 1538 levantó la nueva ciudad en Lominchao, en la falda sur de la colina del Cerrito Verde o Santa Ana.

«Todos los historiadores, siguiendo a Cieza de León y a Herrera, afirman que la fundación por Orellana se realizó en 1537. Lo afirma el padre Velasco, lo repite González Suárez y lo corean todos los cronistas. Sin embargo, es improbable tal fecha. Francisco de Orellana era Teniente de Gobernador de Puerto Viejo y acudió, como Zaéra, a las batallas contra Manco Inga. El erudito don José Toribio Medina ha demostrado que el título para la conquista y fundación lo dio el Marqués Pizarro a Orellana después de la batalla de Salinas, que se realizó en 1538. Y que, por lo tanto, la fundación de Guayaquil no pudo efectuarse antes de esa fecha» (L. Benítez Vinueza.- Ecuador: Drama y Paradoja, p. 134).

En este último y definitivo asentamiento -el quinto si consideramos como primero el realizado en Colta el 15 de agosto de 1534-, estuvieron presentes -junto a Orellana- los conquistadores Juan de Jaén, Lope de Acebedo, Juan Fernández, Cristóbal de Villalta, Manuel de Estacio, Francisco Valverde, Diego Marín y otros.

Segunda ciudad fundada

Esta es la verdadera historia de la fundación de Guayaquil, segunda ciudad fundada por los españoles en la América del sur, tal lo señala el padre Jacinto Morán de Butrón en su obra «Compendio Histórico de la Provincia, Partidos, Ciudades, Astilleros, Ríos y Puerto de Guayaquil, en las Costas de la Mar del Sur», donde al autor afirma que en los archivos del Ayuntamiento de Guayaquil “existía una Real Cédula de 6 de octubre de 1535, en que la Majestad del rey don Carlos V, dijo que era la segunda población de aquel dominio”

Sin embargo de la claridad con que se han desarrollado los acontecimientos, hoy día se celebra el 25 de julio de todos los años la fundación de Guayaquil, con una esperanza de progreso.

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Pueblo aguerrido y experimentado especialmente en la ciencia marina, es cuna las culturas Valdivia, Machalilla, Guangala y Chorrera.

Como nos dice el escritor Oswaldo Rivera: “Guayaquil, ciudad preclara y cosmopolita, ha ido ascendiendo hacia un admirable progreso gracias a la pujante laboriosidad de sus hijos. Su símbolo de unidad consagra al puerto principal su categoría de gran metrópoli en cuyo suelo el espíritu del habitante adquiere un cálido esfuerzo de trabajo y ensueño para satisfacer sus agobiantes necesidades o ya para cantarla con coraje de alma Huancavilca a través de sus inteligentes escritores y poetas”.

Fuente: Hazte ver Ecuador