Pentagrama Nacional

Historia del pasillo ecuatoriano “Romance de mi destino”

Abel Romeo Castillo Castillo

Abel Romeo Castillo Castillo

Abel Romeo Castillo Castillo

“El Romancero” nace en Guayaquil, en los altos de los talleres del diario El Telégrafo el 22 de enero de 1904 y muere en Guayaquil el 11 de noviembre de 1996; es hijo del periodista ambateño José Abel Castillo Albornoz, co-fundador con Juan Murillo Miró del diario El Telégrafo que salió a la venta el 16 de febrero de 1884, y de doña Bethsabé Castillo Martiz. Poeta, historiador, periodista, diplomático, funcionario del servicio exterior, director del periódico que llegó a ser de su propiedad, diputado, educador, embajador en Bolivia, Guatemala, Costa Rica y Uruguay; creador de las Escuelas de Periodismo de Quito y Guayaquil, miembro-fundador y Presidente de la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas.

Estudió en USA, Chile, España de 1925 a 1931 Filosofía y Letras, sección Historia en la Universidad Central de Madrid, graduándose de doctor. Allí cultiva su espíritu hacia la poesía apoyado por su amigo Federico García Lorca de quien recibe influencia para la creación de los Romances.

Ha obtenido valiosos juicios por su labor como escritor; transcribimos de la Premio Nobel de Literatura Gabriela Mistral: …ha ayudado a esta persona de tránsito, a entender su Guayaquil, a voltearlo y olerlo como una fruta. Entré en el puerto con su libro en la mano y pocas veces he sido ayudada con una fraternidad tan cálida, por un mozo, para comprender un pueblo. Me gusta sobre todo en su libro el tono familiar y la intimidad de pecho adentro. Me place y complace el que usted no vocee nunca. Es mi logro ser como usted, poco épico quedándose tierno, niño y maduro… 1

Ha recibido varios reconocimientos: Comendador y Gran Cruz de la Orden Nacional al Mérito del Ecuador, Gran Cruz de la Orden del Cóndor de los Andes de Bolivia, Comendador de la Orden Isabel La Católica de España. Fue Miembro de las Academias de Historia de Quito, Guayaquil y Guatemala; del Instituto Fernández de Oviedo de Madrid y de la Academia Hispanoamericana de Cádiz; Miembro Correspondiente de la Sociedad Bolivariana del Ecuador y Bolivia.

En su periódico tenía su columna con el seudónimo “Caballero del Monóculo” en la que juzgaba los acontecimientos diarios del país. Son sus publicaciones: Los Gobernadores de Guayaquil del siglo XVIII (Madrid 1931), Olmedo el político (1946), La supuesta carta de Bolívar a Olmedo es falsa, Don Pedro Franco Dávila el sabio guayaquileño olvidado, Fray Gaspar de Villarroel Arzobispo de Charcas, Historia de la imprenta de Guayaquil, Dos guayaquileños precursores de la independencia (Jacinto Bejarano y José de Antepara), Medardo Angel Silva: Vida, poesía y muerte; varios poemarios; y ha musicalizado: Romance criollo a la niña guayaquileña de Nicasio Safadi, los valses Añoranza y Ofrenda y el pasillo Mujer suave y divina Gonzalo Vera Santos, y el pasaje guayaquileño Cholo porteño por “El Pibe” Aráuz. etc.

Gonzalo Vera Santos

Gonzalo Vera Santos

Gonzalo Vera Santos

Nació en Bahía de Caráquez, cabecera cantonal del cantón Sucre, Manabí, el 10 de enero de 1917 y murió en Guayaquil, el 6 de enero de 1989; compositor, cantante y guitarrista. Fue hijo de los manabitas Luis Vera B. y de Angélica Santos, que se trasladan a vivir en Manta y luego a Guayaquil, donde estudió con los HHCC. En 1935 ingresó al Conservatorio de Guayaquil, aprendió a leer y escribir música; de 1940 a 1946 cantó a dúo con el compositor Carlos Rubira Infante, transformándose luego en trío con Olimpo Cárdenas, muchacho surgido de “La Corte Suprema del Arte”. En octubre de 1946 (tenía 29 años) en plenitud de su vida y carrera artística se enfermó y fue internado en un hospital psiquiátrico, mal que le acompañó cuarenta años, hasta el día de su muerte.

Sus primeras creaciones grabadas en 1940 son el vals Bella pequeñita letra de Carlos Garcés, los pasillos Ausencia y olvido, Serrano ingrata (yaraví) letra de Ernesto Regatto M., Juramento de Ismael Pérez Pazmiño, Mi corazón letra de Rosario Sansores, el danzante Casamiento de indios, el incaico La pordioserita de Francisco Coronel, el aire típico La huevera.

Historia de la canción

La letra:
Data …del mes de octubre del año 1935. Para entonces, contaba yo con 31 años de edad y me encontraba en Santiago de Chile asistiendo a los cursos de periodismo en la escuela de verano de la ciudad. Allá, lejos de mi tierra y ya con miles de kilómetros recorridos en el viejo y nuevo continentes, concebí estos como otros tantos versos y los guardé, junto a otros papeles y documentos míos. Si se trata de definirse la situación que los inspiró puede anotar que fue la nostalgia por los míos, mis amigos guayaquileños, mi tierra. Los versos exponen claramente el motivo de mi inspiración.

Salió a la luz Romance de mi destino en 1938, formando parte de mi libro de Romances “Nuevo descubrimiento de Guayaquil-Primer Romancero Guayaqulieño 1931-1934”, publicado en Quito como parte de la “Colección Poesía Nueva”. Este libro con prólogo de Benjamín Carrión, contiene poemas escritos en España, durante los años señalados, al calor de los recuerdos de mi tierra natal 2.

La música:
Versión del Dr. Abel Romeo Castillo: Gonzalo Vera Santos el poema lo encontró en el libro Nuevo descubrimiento de Guayaquil y creó el pasillo; él frecuentaba Radio El Telégrafo, en calidad de artista, allí nos encontrábamos a menudo. Uno de aquellos días me visitó con otro amigo suyo, en las oficinas de diario El Telégrafo, para comunicarme que había puesto música a unos versos míos. Sin saber de cual poema se trataba y llevado por la curiosidad, los invité a los estudios de la radio para escuchar la composición. No me impresionó mayormente, no me gustó la interpretación. Cuando él me preguntó acerca de su composición e interpretación solo le respondí que estaba “correcta”, pero él notó que no me había entusiasmado, no me había impresionado favorablemente.

En 1941 estando yo en EEUU el Mayor Leonidas Plaza me dio la noticia de que se había popularizado Romance de mí destino, especialmente entre los soldados que defendieron el patrio territorio y sentían la frustración del Ecuador y consideré que era una canción de renunciamiento y de tristeza que encajaba con aquellos críticos días de la Patria. A mi regreso a fines de 1941 Gonzalo Vera Santos fue a saludarme y a informarme del éxito de la pieza. Yo lo felicité y le dije que le cedía todos los derechos que me correspondían como co-autor para que lograra la mayor satisfacción económica posible. Después personalmente cobré regalías por concepto de grabaciones realizadas por la RCA Víctor y la Peerles, de México que se las obsequié, como todas las posteriores, a la familia del compositor, pues grabó Paco Miller con su muñeco Don Cheto, en la película Desfile de canciones, luego la grabó Panchita, esposa de Miller con el título de Buque fantasma y el trío Los Embajadores 3.

Versión de la familia de Gonzalo Vera Santos: El pasillo nació en el domicilio de “La Catira” allá por el año… todo esto ocurrió en el sector de las calles Chanduy y Benalcázar en Guayaquil, en cuanto Vera Santos musicalizó dos de las tres estrofas hizo llamar al famoso “as” de las cuerdas Fernando Maridueña, que vivía al lado para enseñárselas a interpretarlas a dúo, a fin de retener las notas en la memoria. Luego quiso ponerle otra música a la tercera estrofa, pero, a una insinuación de Maridueña optó por aplicarle la misma de la primera. Horas después grabó las notas en el pentagrama y días más tarde a dúo con Carlos Rubira Infante, fueron a someterla a consideración del poeta Dr. Abel Romeo Castillo 4.

La letra

Todo lo que quise yo,
tuve que dejarlo lejos,
siempre tengo que escaparme
y abandonar lo que quiero.
yo soy el buque fantasma,
que no puedo anclar en puertos,
ando buscando refugio
en retratos y en espejos,
en cartas apolilladas
y en perfumados recuerdos.

Por mas que estire las manos
nunca te alcanzo lucero,
jugo de amargos adioses
es mi vaso predilecto.
yo me bebo a tragos largos
mi pócima de recuerdos
y me embriago en lejanías
para acariciar mis sueños.

Nadie sabe como yo
lenguaje de los pañuelos,
agitándose en los muelles,
sacudiendo el aire trémulos,
nadie como yo nació
con destino marinero:
la única flor que conozco
que es la rosa de los vientos.

FUENTE: Carrión, Osawaldo (2003 [2014]): Lo Mejor del Siglo XX, Quito, Ediciones Duma, 2014

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  1. Barriga López, Franklin y Leonardo Diccionario de la Literatura Ecuatoriana CCE Quito, 1973 P-211
  2. Revista Estrellas Entrevista al Dr. Abel Romeo Castillo Año V Nro. 53 P-4. Romero
  3. Revista Estrellas Año V Nro. 53 P-4,5
  4.  Revista Estrellas Año V Nro. 54 P-5