Los conciertos de Shakira mostraron potencial turístico de Quito, pero también las brechas en planificación, movilidad y oferta integrada.

El fenómeno Shakira expuso una verdad incómoda: Quito puede atraer oleadas de turistas, pero todavía hace falta retenerlos y redistribuirlos en toda la ciudad. Los tres conciertos de la cantante colombiana llenaron vuelos, hoteles y recorridos culturales, pero revelaron que aún son eventos aislados y concentrados en un solo punto del distrito metropolitano.

Shakira abrió oportunidades para Quito
El impulso turístico generado por los tres conciertos no fue casualidad. Representó una ventana que Quito aún no aprovecha plenamente. La ciudad necesita planificación de largo aliento para enfrentar megaeventos, con datos que permitan entender cómo se mueven las personas y cómo integrar la oferta más allá del centro-norte. La experiencia mostró impactos positivos en economía, turismo, movilidad y producción de espectáculos, pero también evidenció fragilidades que afectan al visitante y al residente.

Lo que funcionó y aún falta en el sector turístico
Los conciertos de Shakira probaron que Quito puede activarse como destino turístico cuando entra en la lógica de grandes eventos. La ciudad logró que las reservas aéreas escalaran y la ocupación hotelera alcanzara hasta 90%. Con esto se confirmó que los eventos masivos son capaces de generar flujos inmediatos de viajeros dispuestos a consumir recorridos, gastronomía y experiencias culturales.

Quito Turismo con su estrategia: ‘Quito se pone en modo Shakira’ impulsó rutas inmersivas, ferias y actividades que permitieron que los visitantes se movieran hacia espacios como el Centro Histórico, Mitad del Mundo y otros atractivos.

Pero aún hay puntos que mejorar y entre ellos, Víctor Llugsha, coordinador de Investigación de la Facultad de Ciencias Gastronómicas y Turismo de la Universidad UTE, apunta a:

  • Un calendario institucionalizado de megaeventos. Quito sigue dependiendo de acciones “asimétricas y efímeras”, a diferencia de ciudades como Lima o Bogotá.
  • Espacio moderno para conciertos. El estadio Atahualpa mostró obsolescencia en baños y accesos.
  • Descentralización de la oferta turística. La promoción se concentró en lugares tradicionales, como el Centro Histórico y la Mitad del Mundo, sin articular zonas rurales turísticas cercanas.
  • Planificación urbana anticipada. Las medidas en colegios y empleos fueron reactivas, no coordinadas con antelación.
  • Regulación de precios de hospedaje. Airbnb registró incrementos de hasta 300% durante el evento.
  • Articulación público–privada más sólida. Se requiere coordinación para calendarizar y distribuir beneficios de los megaeventos.

En lo económico también hay lecciones para Quito

El concierto de Shakira dejó una inyección económica inmediata. Las estimaciones oficiales ubicaron el impacto entre 40 y 50 millones de dólares. Esta cifra confirma que los megaeventos no solo movilizan multitudes, sino que también activan liquidez en hoteles, restaurantes, transporte y comercio.

La ocupación hotelera estalló en el sector de La Carolina. El efecto derrame se amplió y benefició a pequeños y medianos alojamientos que normalmente no captan este tipo de flujos.

El gasto de los asistentes evidenció dos segmentos con peso económico distinto. El visitante de bajo presupuesto -transporte interprovincial, entrada económica, alojamiento grupal- generó al menos 100 dólares de gasto individual. El turista de alto poder adquisitivo -entrada premium, vuelo de última hora, hotel de cuatro o cinco estrellas- pudo superar fácilmente los 1 000 dólares. Esa brecha favorece a la ciudad porque combina volumen y gasto alto en una misma fecha.

La feria de emprendimientos también movió la economía local. Gastronomía, artesanías y moda, en su mayoría lideradas por mujeres, encontraron en el evento una vitrina y un entorno seguro. Este modelo municipal permitió contener la informalidad, asegurar limpieza posterior y dar impulso directo a pequeños negocios.

En lo que falta por mejorar, Mónica Rojas, decana de la Faculta de Economía de la USFQ, plantea ajustes que apuntan a maximizar el gasto y alargar el impacto:
-Planificación más sólida para estos eventos. Quito debe anticipar mejor los efectos en servicios, movilidad y logística para ordenar el comportamiento económico que generan los conciertos.
-Paquetes para alargar la estadía. La meta es evitar visitas de una sola noche y elevar el gasto promedio por persona.
-Mayor integración de actividades y sectores. Se requiere sumar a más actores turísticos y comerciales, de modo que el movimiento no se concentre solo en hotelería, bares y transporte. Una oferta diversificada amplía el ciclo económico del evento.

Adicionalmente, la liquidación de impuestos por espectáculos públicos es esencial. Quito necesita un sistema de seguimiento fiscal que registre ingresos directos de boletos e indirectos del IVA en hotelería, gastronomía y comercio. Con esto se puede medir la eficiencia del retorno público frente a la inversión.

Lecciones en producción de espectáculos y logística operacional
La logística de los conciertos de Shakira puso a prueba la infraestructura de Quito. Fue una prueba que confirmó la capacidad para manejar eventos de escala internacional. El montaje fue enorme. Movilizó 93 toneladas de equipo, con tecnología de última generación. La pantalla de 49 metros y sus 6,6 millones de píxeles cumplió con los estándares que exigen las giras globales.

La instalación de ese volumen de carga evidenció que se puede sostener operaciones complejas. También mostró eficiencia en la cadena de suministro local: procesos aduaneros y equipos de montaje. Para los productores, ese nivel de respuesta reduce riesgos y facilita que otros artistas de primera línea consideren a Quito como parada viable para espectáculos que requieren despliegues técnicos similares.

La ciudad también administró sin tropiezos la asistencia. Fueron 105 mil personas en tres jornadas-sábado, domingo y martes-, un volumen que marcó un nuevo récord nacional. La gestión de ingresos y salidas funcionó incluso en un día laborable.

El cronograma dejó otra lección. El descanso del lunes, entre el segundo y el tercer concierto, permitió tareas de recuperación y mantenimiento. Ese modelo de fechas intermitentes ofrece margen para evitar fatiga operativa y debería considerarse en futuros eventos que demanden varios días de actividad.

La movilidad es uno de los puntos con más retos
La movilidad fue el componente más delicado del operativo, pero también mostró resultados. La AMT desplegó personal en puntos críticos y el Municipio amplió los horarios del Metro, Trolebús y Ecovía. Los datos confirman el peso del transporte municipal: el primer día, 290 mil personas usaron Trole y Ecovía. Esa demanda equivale a casi tres veces la capacidad del estadio, lo que ratifica que la ciudad puede manejar megaeventos y reducir la dependencia del vehículo privado, pero aún hay desafíos.

Aspectos a mejorar, según Alfredo León, de la Asociación de Movilidad Sostenible

  • Protocolos anticipados. Quito no cuenta con sistemas automatizados ni planes preestablecidos de manera permanente para gestionar eventos masivos.
  • Cierres viales desordenados y en destiempo. Se aplicaron bloqueos desde la mañana pese a que el concierto empezaba en la tarde. Esto generó molestias.
  • Falta de técnicos permanentes. Los cambios políticos renuevan equipos completos y no hay una estructura profesional estable en movilidad.
  • Retraso estructural. El avance incompleto del Metro, la falta de integración de todo el sistema de transporte con una caja única y la demora de en decisiones estratégicas siguen pesando.
  • Competencias están dispersas. Esto se ve en entidades clave: Epmmop, AMT, Secretaría.
  • Comunicación deficiente. Los anuncios de cierres y desvíos no llegan con suficiente anticipación ni usan recursos tecnológicos como paneles luminosos o sistemas móviles.
  • Educación vial débil. No hay una política sostenida que forme a conductores y peatones para reducir comportamientos de riesgo, desde la infancia.
  • Señalética insuficiente. La ciudad no tiene señalización clara y moderna para orientar flujos en eventos de gran escala.
  • Responsabilidad ciudadana limitada. El incumplimiento de normas básicas agrava la congestión y los riesgos.

Fuente: El Comercio



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