Tomarse un año de descanso o un año sabático entre la educación secundaria y la superior es una práctica común entre jóvenes de países del norte de Europa América.

Este fenómeno está cada vez más extendido en España, aunque en ocasiones todavía se contempla como un año perdido.

Analizando las bondades y riesgos de este periodo de paréntesis desde una perspectiva internacional y a partir de este análisis, teniendo en cuenta la idiosincrasia del contexto español, sus problemáticas y necesidades actuales, ofrecemos unas recomendaciones para jóvenes que se planteen esta opción y sus familias.

Lo que dicen los datos

A continuación, sin ánimo de realizar un estudio comparado per se, se muestra a grandes rasgos de qué manera se concibe el año sabático en algunos países del mundo. Además, se presentan ventajas desventajas científicamente demostradas.

En el Reino Unido, el gap year (año sabático, en inglés) se entiende como un esfuerzo educativo y una experiencia pedagógica en la que el compromiso cívico se une con el desarrollo personal, moral, cívico e intelectual.

En Sudáfrica se considera que el año sabático posee beneficios para el alumnado, tales como que:

  1. Aporta claridad en la elección de carrera, una mayor motivación y un enfoque más centrado en sus estudios.
  2. Permite recuperarse del agotamiento o desgaste tras la educación secundaria.
  3. Facilita la adaptación a la universidad.
  4. Mejora sus habilidades sociales interculturales e interpersonales.
  5. Contribuye a su desarrollo personal, independencia y autoconocimiento.

No obstante, también se contemplan como desventajas el quedarse atrás con respecto al grupo de iguales o la dificultad de retomar los estudios académicos.

Caso de países asiáticos

En países asiáticos como China el tomarse un año sabático es una conducta más aceptada por el grupo de iguales, pero que todavía cuenta con la desaprobación de muchas familias.

No obstante, un estudio de investigadores de universidades chinas y australianas muestra que esta experiencia contribuye al desarrollo de la madurez e independencia de quienes la viven.

Los resultados de China contrastan con los de otras investigaciones desarrolladas en Finlandia y Australia.

En el caso de Finlandia, no se encontraron diferencias entre el alumnado que disfrutaba de año sabático antes de ir a la universidad y el que accedía directamente a ella en relación con:

  1. El crecimiento del compromiso con las metas.
  2. El esfuerzo.
  3. Las expectativas de éxito.
  4. Las tasas de inscripción universitaria.

Año sabático como costumbre

En Australia no fueron significativas las diferencias entre el alumnado que se toma un año sabático y el que accede directamente a la universidad en relación con las perspectivas de futuro, de carrera profesional y la satisfacción vital.

En Noruega se plantea una visión más compleja. Se considera que el año sabático es una experiencia beneficiosa para el futuro alumnado universitario, mientras que para el alumnado de formación profesional se percibe como irrelevante e, incluso, contraproducente.

Esto se debe a los posibles riesgos de abandono definitivo de los estudios tras la pausa que supone el año sabático.

Estados Unidos es uno de los países que más defienden la práctica del año sabático. Una de las investigaciones más recientes considera que aporta al estudiantado beneficios como:

  1. Adaptabilidad al cambio y al fracaso.
  2. Formación de identidad profesional y comprensión del rol del equipo.
  3. Comprensión del “mundo real”.
  4. Reenfoque de objetivos.
  5. Resiliencia y gestión del estrés.
  6. Refuerzo de la motivación.

Dudas, deseos y perspectivas de futuro

En España, según un informe publicado por el Ministerio de Universidades, el 33% del alumnado universitario de nuevo ingreso abandona esos estudios, de los cuales el 13% cambia de titulación y el 20% directamente abandona el Sistema Universitario Español.

Esto se traduce en que un tercio del alumnado universitario de nuevo ingreso no tiene claras sus preferencias. Esta circunstancia se da en un contexto donde coexisten la competitividad, la excelencia, el perfeccionismo y formar parte de “la generación de la incertidumbre” no genera, precisamente, tranquilidad.

Por lo tanto, si tan complejo resulta en las circunstancias actuales averiguar qué se quiere, igual conviene comenzar por tratar de esbozar qué no se quiere.

En este sentido, una de las opciones que pueden contribuir a esta toma de decisiones es tomarse un año sabático al finalizar la educación secundaria.

Además, en España hay estudios que demuestran que el rendimiento académico del alumnado universitario que disfrutó de un año sabático es superior que el del alumnado que no lo hizo.

Analizar las circunstancias personales

Es conveniente siempre analizar las circunstancias sociales y culturales del lugar en el que se vive, así como las personales. Las tres preguntas fundamentales que debemos responder son:

  1. Qué se desea conseguir o qué expectativas se tienen del año sabático: ¿por qué me tomo un año sabático?
  2. Qué posibles beneficios puede reportar tomarse un año sabático: ¿en qué creo que me va a ayudar?
  3. Qué retos o dificultades pueden aparecer en el camino: ¿qué me va a suponer un aprendizaje?

Un debate abierto

Múltiples factores influyen en la idoneidad de tomarse este año de descanso: desigualdad de oportunidades, necesidades y demandas del sistema capitalista, etc.

De hecho, algunos estudios apuntan que la proporción de estudiantes que posponen el acceso a la universidad varía en función de sus antecedentes, el género, la raza o etnia, entre otros.

Lisa Wade, docente de la Tulane University, prefiere recurrir a los memes para denunciar las diferencias con respecto a la concepción del año sabático en familias en función de sus recursos económicos.

Esta cuestión, ligada a que el año sabático en EE.UU. es una práctica apoyada por prestigiosas universidades como las de Harvard Princeton, denota que el alumnado procedente de familias con mayores recursos económicos es quien tiene más posibilidades y probabilidades de realizarlo.

Opciones autofinanciadas

No obstante, el año sabático no se ciñe exclusivamente a viajar con gastos pagados, sino que también existen otros programas que facilitan e incluso financian esta experiencia como los cursos de inmersión lingüística, las experiencias de trabajo en el extranjero como aupair, e incluso empresas que organizan este tipo de viajes específicos, como Workaway.

Los efectos, posibles beneficios y riesgos siguen estudiándose desde la teoría y la práctica, aunque existe un consenso internacional en que tomarse un año sabático como transición entre etapas educativas puede reportar beneficios personales, profesionales y académicos.

Al mismo tiempo, no hay que olvidar la otra cara de la moneda: resulta esencial tomar conciencia de los retos, riesgos y dificultades que implica abandonar la educación reglada durante un tiempo, vivir en un país extranjero o viajar en busca de experiencias.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic en este link para leer la versión original.

*Alicia Sianes-Bautista es profesora de Historia de la Educación y Educación Comparada en la Universidad de Málaga.

Fuente: El Comercio

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