El Frente Unitario de Trabajadores (FUT), la mayor central obrera de Ecuador, anunció este miércoles que se suspenderá la jornada de movilización que convocó para el próximo 30 de octubre, tras el pedido de varios organismos, incluida la oficina en Quito de Naciones Unidas.

El presidente en turno del FUT, Mesías Tatamuez, tras una reunión con el alcalde de Quito, Jorge Yunda, mencionó que varias entidades como la ONU, la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y el Municipio de la capital ecuatoriana le han pedido que suspenda la media de protesta.

El FUT había llamado a sus bases a la movilización contra unas reformas laborales que impulsa el Gobierno, en el marco de un acuerdo crediticio con el FMI, y que para esa central obrera podrían generar una precarización del empleo en el país.

El anuncio de la movilización incluso generó que el Gobierno rompiera el pasado 17 de octubre un proceso de diálogo con el Frente de Trabajadores, por considerar que no se podía conversar con un grupo que ya había decidido una medida de presión.

Tatamuez explicó hoy que su organización nunca ha estado cerrada a la posibilidad de diálogo con el Ejecutivo y reiteró su disposición para sentarse a la mesa de conversaciones.

El líder sindical incluso reveló que, más bien, por parte del Gobierno “han habido ciertas barreras” para abrir un debate directo con el FUT.

De su lado, el alcalde de Quito, en la misma rueda de prensa, agradeció la actitud del FUT para acercarse al Municipio, que en principio había insinuado la posibilidad de no autorizar la movilización de los trabajadores en la capital.

Yunda incluso dijo que sería un intermediario para intentar recomponer el diálogo entre los trabajadores y el Gobierno.

El FUT va a considerar suspender la protesta prevista para el 30 de octubre, también en consideración de la situación que afrontó el país con las masivas manifestaciones de días pasados, añadió Yunda.

Esas movilizaciones, que se concentraron en Quito, pero que se extendieron en todo el país, comenzaron el pasado 3 de octubre cuando entraron en vigor unos aumentos a los precios de los combustibles, en virtud de un decreto del Ejecutivo que eliminó el subsidio a los combustibles.

Las protestas concluyeron el 13 de octubre -luego que el Gobierno derogara el polémico decreto sobre los subsidios- con un saldo de ocho muertos, más de 1.300 heridos y un millar de detenidos, según la Defensoría del Pueblo ecuatoriana.

El fin de las protestas abrió un diálogo directo entre el Gobierno y el movimiento indígena, bajo el auspicio del Episcopado y la oficina de Naciones Unidas.

El diálogo se extendió a otros sectores sociales e incluso a algunos sindicatos, aunque el FUT no fue recibido por su decisión de mantener la convocatoria a la movilización del 30 de octubre. EFE

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