Guerra comercial entre Ecuador y Colombia escala con aranceles recíprocos y suspensión energética

Las relaciones comerciales entre Ecuador y Colombia se encuentran en un punto de tensión, tras una serie de medidas arancelarias y respuestas recíprocas que han escalado la disputa bilateral entre ambos gobiernos. La situación tomó fuerza en los últimos días con anuncios oficiales de Quito y Bogotá referentes a gravámenes y restricciones comerciales.

El 21 de enero de 2026, el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, anunció desde el Foro Económico Mundial en Davos la imposición de un arancel del 30 % a las importaciones procedentes de Colombia, decisión que entrará en vigor a partir de febrero. El motivo oficial es la percepción de falta de cooperación por parte del gobierno colombiano en la lucha contra el narcotráfico, la minería ilegal y otras problemáticas de seguridad en la frontera común, además de un déficit comercial anual superior a los 1 000 millones de dólares.

En respuesta, el gobierno de Colombia anunció medidas recíprocas que incluyen la aplicación de un arancel del 30 % a la importación de 20 productos originarios de Ecuador, con la posibilidad de ampliar esta lista según la evolución del intercambio comercial. Además, el Ministerio de Minas y Energía colombiano resolvió suspender las Transacciones Internacionales de Electricidad con Ecuador como medida preventiva para garantizar el abastecimiento interno y proteger la seguridad energética del país, amparándose en análisis técnicos de presión sobre su sistema eléctrico y condiciones climáticas.

La suspensión de energía se produce en un contexto en el que Ecuador ha aumentado sus compras de electricidad a Colombia en los últimos meses para mitigar la caída de niveles en sus embalses, situándose estas importaciones entre el 6 % y 9 % de la demanda eléctrica nacional en enero de 2026.

Adicionalmente, autoridades ecuatorianas anticiparon la posibilidad de aplicar una tarifa recíproca al transporte de crudo colombiano a través del oleoducto de crudos pesados (OCP), en un gesto de equivalencia frente a las medidas energéticas adoptadas por Colombia.

Las decisiones de ambos países se dan en un momento de desacuerdos por temas de seguridad fronteriza, comercio bilateral y cooperación regional, generando incertidumbre sobre la evolución del intercambio económico y energético entre las dos naciones andinas.


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