Atículo escrito por el Dr. Gustavo Reinoso Hermida.
Los pedregales de Pueblo Viejo
Los pedregales del sector de Pueblo Viejo, están ubicados en la comunidad de Las Nieves, parroquia de La Asunción, cantón Girón, provincia del Azuay. Tienen origen a partir de movimientos sísmicos de gran magnitud, causantes de una falla geotectónica, con desplazamiento del bloque a los lados del plano de ruptura de varios centenares de metros, hacia el costado nororiental de la cordillera de San Pablo. Probablemente sucedió en la glaciación del Pleistoceno y posteriores desprendimientos generados por lluvias.

Nada tan impresionante, como el marco montañoso, de cuestas empinadas, coronadas por altas crestas y picos de los cerros de Quillotuñi, Shisharrumi, Campanarrumi, Cara del Inca, que forman parte de la cadena de altas elevaciones proyectadas desde la cordillera de San Pablo, adscrita a la cordillera Occidental de los Andes y proyectada hacia el interior del valle de Yunguilla, para abatirse sus estribaciones del cerro Pallcurco, cerca de la Unión.
La cadena montañosa de la cabecera norte del valle de Yunguilla, en su parte más alta correspondiente a los cerros Quillotuñi y Shisharrumi, que exteriorizan una cicatriz de ruptura, matizada de cárcavas en proceso de demolición por las lluvias y derrumbes invernales, a través del pasado geológico del Período Cuaternario.
Por debajo de sus faldas boscosas y al pie, se encuentran amplios taludes de derrubios rocosos (canchales) entremezclado de grandes, medianas y pequeñas piedras, desprendidas desde las paredes escarpadas. Cuanto más grandes son los bloques desprendidos desde los cerros, han rodado a mayores distancias, por debajo del pie y más allá de los taludes, hasta la planicie de Pueblo Viejo.

Durante la Edad de Hielo, hasta hace 10.000 años, estos cerros que cercan a Pueblo Viejo por el costado noroeste, estuvieron cubiertos de masas de hielo, las mismas que al desprenderse en grandes avalanchas, arrancaron y transportaron gigantescos bloques y rocas menores cuesta abajo hasta la planicie y constituir los pedregales hoy conocidos con el nombre de “Bosque de piedra”, por la abundancia de las mismas.
Debajo de la acumulación de fragmentos de roca, llaman la atención, algunas gigantescas piedras de decenas y centenares de toneladas, constituidas en abrigos bajo rocas; que debieron servir de cobijo transitorio a las personas, desde el período prehispánico; según se deduce por los vestigios cerámicos de las culturas cañari e inca, carbón de madera en el piso y ennegrecido de hollín los techos.
Múltiples rocas exteriorizan superficies pulidas, con estrías, cubetas y surcos, causadas por la fricción, durante el desplazamiento de las lenguas glaciares durante el Período Pleistoceno, hasta hace aproximadamente 10.000 años. Así también muchos otros bloques rocosos muestran sus bordes rectos y agudos, con caras planas, sin rastros de pulimento por abrasión, porque debieron chocar unas con otras y partirse, durante los violentos desprendimientos de las grandes masas rocosas y recorrido cuesta abajo hasta Pueblo Viejo.

Entrada a la “Cueva del Brujo”, ubicada en el “Bosque de Piedra”. Sector Pueblo Viejo, parroquia La Asunción, Cantón Girón.
Los dorsos de los gigantescos bloques pétreos expuestos a la intemperie están recubiertos de capas de musgos, hierbas, bromelias, orquídeas y vegetación tipo matorral y arbóreo. Revestimientos de vegetación nativa que embellecen estos monolitos aislados y aglutinados por doquier.
La acumulación de ingentes cantidades de piedras, desprendidas desde los peñascos y descendidos por gravedad, formando amplios taludes en la base, especialmente en el sector de Pueblo Viejo; desde tiempos prehispánicos el material pétreo facilitó a los pobladores la construcción de largas mamposterías; entre las que se destaca un singular muro, que exterioriza pericia, en la colocación en hileras y aplomo, reforzado con cuñas, de apariencia tecnológica incaica.

Primer plano, parte del ‘Bosque de Piedra” donde se encuentra “La Cueva del Brujo. Al fondo se erige el majestuoso cerro Quillotuñi.
En la gran mayoría de las grandes piedras en seco de forma irregular, pesan desde unos pocos kilos, hasta más de tres quintales de peso, están colocadas unas sobre otras, guardando estabilidad dentro de los diversos muros, aunque sin mayor pericia. Las construcciones generalmente no llegan a un metro de altura. Cada cerco de piedra de se extiende centenares de metros, encerrando predios de diferentes formas y dimensiones. El notable esfuerzo de trabajo realizado, permite deducir, quienes ordenaron la construcción, debieron tener poder, dinero y contingentes humanos a su disposición.
Casi la totalidad de los muros de piedra están erigidos de manera rudimentaria. Se conoce por información tradicional, que algunos muros de piedra fueron construidos por peones de los antiguos hacendados y dueños de pequeños predios, para delimitar sus propiedades, a la vez servían de cercas de los potreros.
En la actualidad, los lugareños continúan recogiendo las piedras y apilonando sobre los antiguos muros; o simplemente amontonándolas, especialmente sobre los grandes bloques rocosos, inclusive con empleo de maquinaria pesada, a fin de limpiar los espacios agrícolas y pastos ganaderos.
Los escombros de los derrumbes, formados por sedimentos clásticos, acumulados durante milenios, al pie de las pendientes de los cerros Quillotuñi y Shisharrumi, en gran medida están cubiertos de bosque arbóreo, en parte de origen primario. Los principales especímenes del bosque corresponden al: huahual, cota, duco, llausamuro, igni, cañaro, pumamaqui, pingllio, dagni, laurel; entre muchos otros vulgarmente conocidos.
Sabemos a través de los cronistas de Indias, que los cañaris e incas rendían culto a las grandes piedras y montañas que les infundían admiración. Por lo que consideramos que posiblemente los cerros San Pablo, Quillotuñi, Shisharrumi, Campanarrumi, que encierran por el costado noreste a Pueblo Viejo, tenían el carácter de sagrados.
Los cerros anteriormente mencionados presentan una vista panorámica espectacular de la grandiosidad de los valles de Yunguilla, San Fernando, Girón, Jubones y de las cumbres de las cordilleras Oriental y Occidental y de sus respectivos ramales que se abaten en dirección hacia los ríos Girón, Rircay, León, Jubones y Uchucay, así como de los nudos de Portete y Guagrahuma, que encierran la hoya del río Jubones.

A continuación del cerro Campanero, descuella una cresta montañosa con apariencia de un cuerpo humano, conocido vulgarmente como «El indio acostado de espaldas»; en el que mejor se destaca su rostro, por lo que también le denominan «La cara del inca», de gigantesca dimensión aproximada de 300 metros de largo por más de cien metros de alto; observable a kilómetros de distancia. En la cosmovisión andina aborigen e incaica, esta imagen debió ser considerada como una deidad viviente.
Cabe destacar la serie de atractivos que ofrece el escenario natural y cultural de Pueblo Viejo y su entorno inmediato, se presta para desarrollar un ecoturismo sustentable; cercano a la cabecera parroquial de La Asunción y a la ciudad de San Fernando. Entre otros de sus atractivos podemos mencionar: las espectaculares crestas y picos de las cumbres y altas paredes escarpadas del majestuoso cerro Quillotuñi (3178 m s. n. m.), que en su parte más alta sus paredes sobrepasan los 400 metros sobre el nivel de base. Sus campos matizados de matorrales, pastizales, ganaderías y pedregales.
La cúspide del Quillotuñi, aloja la imagen de la Virgen de Las Nieves, tallada en piedra; donde se tiene la mejor vista panorámica de la geografía del valle de Yunguilla e irregularidades de la complejidad orográfica de imponentes montañas que encierran los múltiples subvalles de la hoya del río Jubones, entre otros el valle cálido de Yunguilla.
El Quillotuñi de pendientes orientales, constituidas de cárcavas en su vertiente oriental; el pie está formado por depósitos de rocas desprendidas desde lo alto y en su base y aún más allá, en las planicies de Pueblo Viejo se observan gigantescos bloques de piedras entre cúmulos naturales y grandes piedras aisladas. Algunas de ellas por debajo contienen cuevas y abrigos bajo rocas, significativos en los que se puede acampar. En el “Bosque de Piedra” del sector de Pueblo Viejo, se destaca la “Cueva del Brujo”.
Los petroglifos del bosque de piedra de Pueblo Viejo
El denominado «Bosque de Piedra», adscrito al pedregal de Pueblo Viejo, constituye una loma de piedras de pocos metros de altitud, formada por la acumulación de materiales originados a partir de una avalancha de nieve y piedras de gran magnitud, desprendidas desde lo alto de las paredes del cerro aledaño de Quillotuñi, probablemente en el último Período Glacial Pleistocénico; según se deduce por las marcas dejadas en la superficie de las rocas y la fragmentación mecánica causada por el hielo (gelifracción), a través del proceso de expansión y contracción térmica; así como durante el violento choque de unas piedras con otras, en el trayecto del deslizamiento de los materiales desprendidos del cerro arriba mencionado.
En la propiedad de la Sra. María Chimbo, sector Pueblo Viejo de la comunidad de Las Nieves, a 2450 m s. n. m., a cinco kilómetros de distancia de la cabecera parroquial de La Asunción, se ubica el denominado «Bosque de Piedra», sobre un promontorio de pocos metros de altura, salpicado de piedras de andesita grisácea clara, de diferentes tamaños, desde pequeñas dimensiones hasta varios metros de diámetro. Algunas de ellas son tan grandes que por debajo forman abrigos, comúnmente llamados cuevas.
Algunas piedras a pesar del milenario tiempo geológico transcurrido y alteraciones causadas por la intemperie, todavía muestran acanaladuras, estrías; otras exhiben caras planas, producto de la fractura cuando estuvieron expuestas a la poderosa acción glaciar y avalanchas gravitatorias.

Abrigo bajo roca y su entorno, dentro del “Bosque de Piedra”, en donde se observa la entrada a la “Cueva del Brujo”, comunidad Pueblo Viejo, parroquia La Asunción, cantón Girón.
Entre varios abrigos rocosos y numerosos bloques diseminados en el Pedregal de Pueblo Viejo, los aborígenes que deambularon por esta comarca, escogieron la piedra más adecuada en la “Cueva del Brujo”, ubicada aproximadamente en el centro de un pequeño promontorio del “Bosque de Piedra” y al resguardo de la intemperie, para perpetuar sus ideas
“La Cueva del Brujo”, constituye una estructura geológica conformada de manera natural en un abrigo bajo rocas, por tres grandes piedras que se articulan entre sí, para formar en su interior un ambiente de forma triangular de 5,20 de largo.
La entrada triangular principal ubicada al noroeste mide 1,63 m. de alto, base 3 m. y 1,75×2,80 m. en los costados, respectivamente. La abertura triangular contrapuesta ubicada al suroeste, apenas mide en la base 0,75 m. y en los lados 0,94×1,40 m. respectivamente, que se puede salir y entrar a gatas con dificultad. Los lados irregulares son de longitudes diferentes, como los son también los ángulos desiguales en el interior del abrigo bajo rocas. El suelo se muestra desigual, en el que se destacan 8 piedras grandes “in situ” y otras de menores dimensiones dispersas; así como algunas han sido colocadas artificialmente a propósito, en calidad de pavimento.
En el interior de la cámara natural, llama la atención la piedra más pequeña de andesita grisácea clara de forma rectangular, que se encuentra asentada en posición casi vertical, la que está en ligero contacto con las dos piedras mayormente grandes. En la superficie irregularmente plana de 1,90×1,60×1,30 de alto, ancho y espesor, respectivamente, presenta diversos ideogramas grabados imperecederos con técnicas de martilleo y burilado; constituidos en: líneas rectas, líneas curvas, puntos, círculos simples, círculos concéntricos, una espiral simple, dos espirales dobles articuladas contrapuestas a manera de «S», cuadrado, triángulo, una figura rectangular que encierra líneas paralelas inclinadas, rostros humanos estilizados diminutos, una figura central de mayor tamaño a manera de arcos cerrados concéntricos paralelos, que encierran tres franjas fusiformes. Las espirales simples y las dobles son los símbolos mejor representados. Empero, muchas otras imágenes lineales se muestran abstractas.
Sobre la piedra de superficie rectangular, que contiene las misteriosas figuras grabadas, existe una abertura rendija a cielo abierto, entre las junturas de dos bloques rocosos, que permite directamente penetrar los rayos solares cuando se acerca a su zenit, a la superficie de los petrograbados. En todo caso el espacio interior del abrigo bajo rocas, se muestra bien iluminado durante todo el día.
El irrespeto de algunos visitantes a la “Cueva del brujo”, han profanado de manera deliberada, esculpiendo siglas y otros símbolos modernos, en la superficie inferior del petroglifo, contaminando irreverentemente la pureza de las imágenes del documento patrimonial. Incluso a las personas inexpertas, lleva erróneamente a pensar que son parte de los dibujos originales.
Presumiblemente, el complejo simbólico misterioso grabado y martillado en la superficie de la piedra rectangular, constituyó una cámara ceremonial, donde el brujo y/o artífice con sus poderes sobrenaturales, realizaba sus ritos religiosos, como intermediario entre el mundo natural y espiritual; a fin de obtener ayuda en la curación, cacería y otros beneficios propiciatorios.
A más de un centenar de metros hacia el noreste de la que denominamos “La cueva del brujo” donde se encuentran los petroglifos. En medio de un campo de pasto, se encuentra aislado un bloque grande de piedra andesita poliédrica de 2,00×1,60×0,70 metros de largo, ancho y espesor, respectivamente. En una cara irregular de superficie naturalmente pulida se observa en la parte superior una espiral simple, con un apéndice lineal recto y otra espiral de menor tamaño; en la sección inferior muestra un grabado rectangular incompleto en uno de sus lados, con once líneas paralelas oblicuas, semejantes a flecos de un chal.
Interpretamos que la «espiral simple» en forma abierta, con una proyección de línea recta, representa la evolución del infinito camino que hay que recorrer en la vida terrenal y de ultratumba; y las espirales dobles en «S», representan el dualismo material y espiritual: hombre-mujer, día-noche, vida-muerte, bien-mal. El círculo representa al Sol, padre tutelar del hombre e infinito fructificador de los campos.
Los petroglifos de Pueblo Viejo, la expresión grabada en espirales simples y dobles, círculo concéntrico; probablemente están relacionados con los elementos estilísticos existentes en los petroglifos del cantón Limón Indanza, provincia de Morona Santiago; en Napo, ambas de la Región Amazónica y la provincia de Los Ríos en la Costa ecuatoriana. Por supuesto, las formas espirales grabadas en piedras, tienen dimensión planetaria, a partir de las culturas ancestrales.
Presumiblemente, los ideogramas plasmados en la piedra de «La cueva del brujo», formaron parte de la geometría sagrada, que habrían sido grabados por un chamán, para constituir el abrigo bajo rocas, en un templo ritual mágico-religioso.
Los petroglifos de Chiniyacu, comunidad de Tuncay
Aproximadamente a unos 3 kilómetros de distancia, desde el “Bosque de Piedra” de Pueblo Viejo, se encuentran los petroglifos de Chiniyacu, siguiendo la carretera que conduce a Tuncay, luego cuesta arriba por un sendero vía al cerro Quillutuñi.
En el borde y segmento norte de una terraza natural, sector de Chiniyacu, de propiedad del Sr. Mateo Aguilar Chimbo, ubicado en los declives occidentales del cerro Quillotuñi, de la cordillera San Pablo, jurisdicción de la comunidad de Tuncay, parroquia de La Asunción, cantón Girón, provincia del Azuay; existe de lo que se pudo observar expuestos a la intemperie, un conjunto de quince bloques de piedra de aglomerados de origen volcánico, dispersos y semienterrados, en una superficie aproximada de trescientos metros cuadrados; a una altura de 3.300 m s. n. m.
Los bloques de piedra andesita son de diferentes formas y dimensiones, el más grande mide 2,70 metros de largo, por 1,50 de ancho y el más pequeño mide 0,50 centímetros de largo por 0,25 centímetros de ancho, no se precisan los espesores, porque en parte están soterrados.
Las caras de los quince bloques que afloran al aire libre, irregularmente están en su mayoría cubiertos de grabados en bajo y altorrelieve, de esquemas abstractos geométricos e imágenes de animales estilizados.
El aglutinamiento de centenares de signos y pequeñas figuras en altorrelieve, demuestran un esmerado y laborioso trabajo en el arte rupestre; cuyas representaciones corresponden a líneas verticales y horizontales incisas, que delimitan franjas en altorrelieve de diferentes dimensiones; franjas sinuosas irregulares; líneas verticales y horizontales en zonas; cruces, enrejados de perfiles asimétricos; formas rectangulares y cuadrangulares; superficies con hoyos de diferentes dimensiones; zonas con aglomeraciones de pequeñas prominencias y depresiones redondeadas, que contienen en la parte superior incisiones circulares, conos y punto grabado en el centro. En todo caso los petroglifos, exhiben diseños, difíciles de descifrar. Hay un petroglifo de forma aparente a una tortuga, con su caparazón esculpido a manera de escamas, en parte erosionado por las inclemencias del tiempo.
El vestigio litográfico más grande y representativo del yacimiento arqueológico de Chiniyacu, por sus numerosos y variados diseños, mide 2,70 metros de largo por 1,50 metros de ancho, forma rectangular, fisurada aproximadamente en la parte central; superficie bastante meteorizada y cubierta de una pátina de magnesio y litolíquenes. Presenta el anverso regularmente plano, cubierto de figuras geométricas incisas, excisas de formas y medidas diferentes: zonas con figuras de pirámides truncadas rellenas de surcos, protuberancias circulares, ovaladas que encierran puntos grabados; figuras estilizadas en herradura, pescado y una serpiente de pequeñas dimensiones. La imagen más importante constituye un hoyo con reborde circunferencial y radiaciones en altorrelieve a manera de dedos, presumiblemente representativo del Sol. Se trata de un hoyo de 30 centímetros de diámetro por 15 centímetros de hondo, excavado y pulido con material abrasivo en forma de una perfecta semiesfera en su parte cóncava, ubicado aproximadamente al centro del petroglifo. Presumiblemente debió ser esculpido en la piedra, con el fin de que las gotas de lluvia llenen el recipiente, constituyendo en un espejo de agua astronómico. En los días claros, cuando el Sol está en el cénit, se refleja a plenitud el disco solar. Así también en las noches despejadas la imagen lunar y de las estrellas, se reflejan en el espejo de agua circular. Suponemos que el petroglifo más grande que contiene la representación del Sol, debió ser tallado el recipiente con fines de observación astronómica, cuando está lleno de agua. Acaso fue un altar ceremonial, del grupo étnico primitivo que acampó y/o vivió en esta comarca.
Los complicados diseños de arte rupestre esculpido en las quince piedras del yacimiento arqueológico de Chiniyacu, en gran medida no están mayormente asociados a los diseños de los petroglifos más cercanos de Pueblo Viejo, Geco y Huasipamba; así como son notablemente diferenciados con relación a otros de la República del Ecuador.
En todo caso estos numerosos petroglifos ubicados en las cabeceras altas, que encierran a la extensa e irregular depresión geomorfológica de Yunguilla, enriquecen el inventario del conjunto patrimonial ancestral de la provincia del Azuay.
Cuando la atmósfera está despejada, desde la cima del cerro de Quillotuni, se tiene una espectacular vista panorámica del Valle de Yunguilla y la grandiosidad de las montañas que encierran la hoya del río Jubones.
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